El centro de Nápoles ha vivido un sangriento cambio de guardia en los últimos años.
Los viejos capos camorrísticos fueron encarcelados o asesinados y una generación de adolescentes sin miedo a la muerte ha intentado hacerse con sus negocios.
En dos años murieron 60 chicos y otros 40 fueron condenados.
La guerra entre estos yihadistas urbanos continúa mientras los turistas buscan una trattoria auténtica.